Cosas de la mili

Lo Galliner

Cosas de la mili
Cosas de la mili

Solo hacía unos meses todavía estaba haciendo el servicio militar. Estuvo destinado en la Academia de Artillería, en Fuencarral. Sirvió en la policía militar (PM), servicio de seguridad interna del cuartel. Vigilancia de entradas y salidas de la tropa, patrullas internas, guardias nocturnas y escoltas de los mandos. A Jorge Esparza le tocó ser uno de los escoltas principales del General de División que allí era el que más mandaba, de nombre Soteras Casamayor.

Recordaba la vida cuartelera mientras en el bar del Hostal La Higuera, la televisión solo emitía una y otra vez informaciones contradictorias sobre el golpe de Estado. Salían las imágenes del despliegue militar por las calles de Valencia ordenado por el Teniente General Milans del Bosch. Ese día a primera hora de la tarde, la emisora de radio del coche ya les había puesto en alerta. La Cadena SER emitía en directo el golpe de Estado.

Esparza era viajante de una fábrica de accesorios agrícolas y se encontraba por Extremadura. Había establecido contactos con un nuevo representante, Enrique Martínez Cuevas, de Mérida y era el primer viaje que realizaban juntos visitando a los clientes. Habían iniciado la ruta en Miajadas, para después recalar en Cáceres y Plasencia. Aquel fatídico martes día 23 de febrero dormirían en Coria. ¡Al día siguiente Dios diría!

Nada más saberse la noticia del golpe intentó contactar con su casa, con los suyos. Las líneas telefónicas estaban colapsadas. En los entornos rurales, prácticamente solo había centralitas manuales con pocas líneas de salida y entrada. Las cabinas telefónicas o no funcionaban o no daban señal. Se hallaba a 800 kilómetros de casa y sin poder enterarse de lo que allí acontecía. Se habían instalado en La Higuera, pues era la fonda donde Martínez Cuevas se ubicaba cuando hacía esa ruta. A él ya le conocían, y su oficina, nada más llegar, era el bar del hostal. Martínez Cuevas era una esponja ambulante, las cervezas se las tomaba de tres en tres. Iba siempre bien trajeado, armilla incluida. Se plantaba erguido, en posición plenamente vertical y a treinta centímetros de la barra del bar. Con cuatro dedos de la mano diestra levantaba el tubo de cerveza hasta la altura de los labios. En ese preciso instante, con un giro magistral de muñeca conseguía alcanzar el ángulo suficiente y necesario para la ración de cerveza Cruzcampo que su gaznate le exigía. Ese ángulo de inclinación del vaso iba incrementándose según se iba vaciando. Ahí estaba el mérito, que el tubo de cerveza no perdiese ni la verticalidad ni una gota del dorado elíxir. Y así una vez y otra. Al cabo del día, tras las diferentes paradas realizadas, podía tomarse hasta una treintena de tubos de cerveza. Además, fumaba con profusión y hablaba por los codos.

En esas estaban, con los tertulianos comentando el ardid de Tejero en el Congreso de los Diputados, poniendo en jaque la democracia. Allí se decía de todo, se buscaban emisoras de radio que dieran más información sobre el tema y se intentaba, una y otra vez, hablar por teléfono con alguien por ver si podían enterarse de algo. Coria es una población perdida en la mitad de la provincia de Cáceres, al sur de Las Hurdes y a unos 32 kilómetros de Portugal. Regada por el rio Alagón tiene incluso su diócesis con Obispo y Palacio Episcopal. Esparza y Martínez estaban allí por trabajo, pero con la situación del golpe, estaban más perdidos que nunca en la perplejidad del momento. Como todo el mundo, sin opciones ni de ver ni de saber que acontecería al día siguiente.

Esparza dio una vuelta rápida por el pueblo. En cosa de 15 minutos ya estaba de nuevo en el hostal. De tres cabinas que encontró ninguna funcionaba. Televisión y radio repetían la misma pesadilla. Cogió el mapa de carreteras e intentó enterarse de donde estaban, donde ir, o mejor dicho donde huir, por si fuere menester. La frontera estaba en un pueblecito portugués, Salvaterra do Extremo, al cual se llegaba en media hora de coche, teniendo que salvar un puente romano de piedra. De allí, la ciudad portuguesa más cercana y de cierto empaque es Castelo Branco. Jorge Esparza no lo tenía muy claro con lo del golpe, se empecinaba que lo mejor sería salir del país cuanto antes.

Por ello repasaba mentalmente su mili en Artillería. Sabia como las gastaban los militares. En el cuartel, todos los de carrera, eran de Franco, aun a pesar que Franco ya llevaba enterrado 6 años. Cuándo las vigilancias en el despacho del General, encima de su mesa solo había un periódico, El Alcázar. Y los militares por lo que había visto por television secundaban plenamente al Teniente Coronel de la Guardia Civil que invadía el Congreso y retenía a los diputados. La División Acorazada Brunete, con base en el Goloso también empezaba a desplegarse por los alrededores de Madrid. Conocía bien el Goloso y la Acorazada Brunete, pues estaban bajo el mando de Soteras Casamayor. Entendía Jorge Esparza que la cosa no pintaba nada bien.

Tras cenar unos calamares con ensalada, por el aparato televisivo la presentadora habitual del telediario, sobre las 10 de la noche, anunció que su Majestad el Rey se dirigiría a toda la nación. El comedor del hostal empezó a llenarse de gente. Al cabo de una hora se pudo ver y oír al Comandante Supremo de los Ejércitos de España emitir su proclama. Condenaba el golpe militar y nos informaba que había ordenado a los militares que regresaran a los cuarteles. Nunca dijo si había o no promovido o auspiciado el golpe. Iba trajeado con lo mejor del vestuario castrense de gala y su rostro daba señales de tensión. Esparza vio miedo en su mirada y observando su faz le dio la sensación de ser verosímil en el hecho de que pudiera estar implicado en la asonada.

Sobre la medianoche consiguió Esparza línea telefónica y hablar con los suyos. Le explicaron que todo estaba en calma desde que Pujol había dicho aquello del “tranquil Jordi, tranquil”, que le había confesado su Rey. Su familia en casa y en el pueblo poca gente por las calles. Se fue a la cama sin poder conseguir adormecerse más allá de unas pocas horas. Sobre las 5 de la madrugada bajó al coche por ver que noticias daban por la radio. Tejero y sus guardias civiles seguían en el Congreso, aunque los militares ya estaban en los cuarteles. Todo era incertidumbre y la cosa no había terminado. Tras desayunar decidieron con Martínez Cuevas que seguirían la ruta por la zona, aunque tras las primeras visitas vieron que nadie estaba por la labor ni por recibirles, así que volvieron de regreso al hostal La Higuera para el almuerzo.

La semana estaba perdida, pero Esparza, para regresar a su casa tenía que atravesar media España y por supuesto Madrid. No le venía en gana. Acercó a Martínez Cuevas hasta Plasencia donde cogería el autobús para regresar a Mérida. Esparza continuó viaje hasta Salamanca donde pernoctó la siguiente noche. Su idea era circular lo más cerca posible a la raya portuguesa por si estimaba que debía cruzarla. Y a la vez observar que pasaba en Madrid con Tejero y su fuerza de asalto. El jueves 25 el Congreso ya estaba liberado y los golpistas arrestados. Las comunicaciones con su empresa y su casa muy normalizadas y decidió emprender el retorno. Sabía que estaba en una incierta lista de faltos de afecto al régimen franquista. Aunque Esparza, dada su juventud, no se había significado políticamente, su familia era del bando perdedor en la guerra civil. Y para los facciosos, alguien de una familia de rojos no era bien visto. Así funcionan las cosas. Esparza se acordaba del consejo de sus padres, escapar en la medida de lo posible, del primer impacto, de los primeros golpes, de los primeros días en que las cosas son más turbulentas, imprecisas y peligrosas.

Así vivió Jorge Esparza esos días del 23F. Acordándose del asunto cuarenta años después la vida sigue igual. Las gentes de las Españas y las mentalidades no han cambiado tanto como a veces nos pretender hacer ver. Observen los políticos de ahora y comparen con los de entonces, hemos ido a peor. Acuérdense de un año atrás: la pandemia era tratada como una guerra al virus. Quién daba las instrucciones era el Jefe del Estado Mayor del Ejército, un comandante de la Guardia Civil y un Comisario de Policía. Las estructuras de poder en la sociedad, si, se han transformado, pero, ¿ quién puede asegurarnos que han mejorado en beneficio de la sociedad y el bien común ?. Cuarenta años después es lo que hay y lo que toca vivir… sin opción a vacuna.

Suerte,

logalliner58@gmail.com

Abril2021

 

Comentaris

guillem seville
1.

el 23-f el general jefe de la academia de artilleria en fuencarral no era soteras se llamaba carmona aguilar General de Brigada D. Fernando Soteras Casamayor, 30-diciembre-1976 a 19-enero-1980. General de Brigada D. Francisco Carmona AguiJar, 23-enero-1980 a 19-noviembre-1981.


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